4. La música del Ser: un diálogo con el Alma

“La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser”. Platón.



Tras la lectura del ensayo de Quine, viene a mi cabeza una de las películas, concretamente una escena, con las que considero que he reflexionado más a lo largo de mi vida. Más que una película, es un documental: El Cambio, de Wayne Dyer.


En la escena que estoy pensando, aparece un hombre tocando el piano; está tocando una melodía, y a lo lejos, su interlocutor, un productor de cine que, en esos momentos, se plantea cambiar su vida. El pianista, un falso jardinero, un chapuzas para todo, que toca el piano como los ángeles, y que al final de la película se descubre que es el propietario de las instalaciones de un gran complejo hotelero. Súbitamente, el silencio aparece como contrapunto de la carga visual.
Se establece un diálogo, de preguntas y respuestas, basado en la mayéutica, donde ambos interlocutores hablan del estado interior, de la felicidad, del tempus fugit, y del “aquí” y el “ahora”.
La escena es noctámbula, con aterciopelados grisáceos, teñidos de una luz que ilumina el rostro de los actores, potenciando el diálogo interior y la comunicación profunda; adornada con sutiles retazos de los acordes del piano, introducen al espectador hacia la reflexión y hacia su propio mundo interior.
Bajo mi punto de vista, el problema no es que la filosofía haya perdido el contacto con la gente, mas todo lo contrario: la gente, cegada por un ego que no cabe por las puertas, ha perdido el contacto con la filosofía. Decía Ratzinger, hace varias semanas, que se encontraba en un proceso de preparación para la “vuelta a casa”. Lo que me sorprende es que no dijera que se encontraba en un proceso de “ir a casa”, sino que dijo de “vuelta”, pues de ahí es donde venimos.
La problemática surge cuando encarnamos en el cuerpo y en el espacio terrenal. Lo que ocurre es que, muchas veces, nos olvidamos de lo verdaderamente importante en nuestras vidas. Tratamos tonterías durante más de un 90% de nuestro tiempo. Estamos inmersos en una contingencia de tal calibre que incluso a veces es difícil discernir entre lo verdaderamente importante y lo secundario. Yo me pregunto: ¿por qué no pensamos y actuamos todo el tiempo en relación a lo más valioso que tenemos?
Aferrarse al momento presente; observar el aquí y el ahora. Ése es el punto culminante de toda experiencia humana, donde el ego es trascendido por el alma. En la película de El Cambio, el Dr. Dyer, mediante sus respuestas, nos invita a adentrarnos en la búsqueda de nuestro yo más interior y, a la vez, más puramente humano, para ejercer un control sobre el ego; como afirma: “no tienes que ser nada, demostrar nada, ser mejor que nadie, sólo tienes que ser una persona que piensa como Dios”.
En resumen, la película, juntamente con el ensayo de Quine, me ha inspirado sobre el destino del ser humano, que siempre debe mirar en su interior, ver sus talentos, descubrir quién es, tener el valor de caminar, solo y ante el mundo, ignorar el griterío de las masas, por muy fuerte que sea y, como Ulises, mantenerse firme en su barco. En definitiva, debe seguir el camino de la filosofía: “lo único que tienes que hacer es estar ahí, prestar atención, y la música sale sola… La música estuvo siempre en ti”.

Joaquín Oliver Vermeulen.

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